viernes, 5 de agosto de 2016

Al final de los bises



Silencio y oscuridad.
Un gemido se abre camino a través de ellos. Es insistente, lastimero; inhumano.
Consigue que abra un ojo; despacio. El otro permanece tozudamente cerrado.
Delante mío, una imagen borrosa que se va aclarando sin prisas: un paisaje de árboles frondosos y espesos matorrales. Todo tras un cristal destrozado.
Foto: Goce Samakoski
El lamento no cesa. Viene de detrás mío.
Dirijo mi único ojo hacia el retrovisor que, no sé por qué, sé que está ahí. Tengo una visión fugaz de una mata de pelo rubio, lentejuelas brillantes y mucha sangre. Vuelvo a cerrar los ojos y contengo un grito. El esfuerzo hace que un dolor intenso me golpee y me haga gritar.
Respiro hondo hasta controlarme.
Recuerdo a la chica rubia, la conocí anoche... o tal vez haga más días, no puedo precisarlo. Lo que sí que recuerdo es que no tenía tantas articulaciones.
Una amiga. Tenía una amiga.
Trato de girar mi cuello hacia la izquierda. Apenas consigo ladear la cabeza. Ahí está. Tampoco se mueve. Tiene algo muy feo clavado en su mata de pelo color naranja. No puedo evitar sonreír al recordar el color de su pelo.
El lamento de atrás se intensifica, como un cantante country al final de los bises.
Aparte de ladear el cuello un poco, creo que no puedo mover nada más. Siento una opresión en el pecho y una indiferencia en los miembros que no me gusta demasiado. Pero prefiero no pensar en ello.
La cabra vuelve a gemir.
¡Es verdad, era una cabra! ¡Llevábamos una puta cabra en el maletero!
Me parto de risa.
Eso me hace toser. Mucho. Tanto que casi me ahogo en algo espeso y viscoso. Con esfuerzo, consigo escupirlo. Cierro los ojos. Prefiero no ver lo que es.
¿Para qué coño queríamos una cabra?
No consigo recordarlo. Sé que en algún momento fue algo de vital importancia. Ahora ya no me lo parece.
La cabeza se me va. Trato de aferrarme a algo.
¿Cómo coño voy a explicarle yo esto a mi marido? 

4 comentarios:

  1. Casi, casi prefiero no preguntar por ese verano tan bizarro... Curioso micro de interpretaciones varias.

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    1. Ja, ja, ja... En realidad el verano no tuvo que ver nada con el micro (¡afortunadamente!). Yo me refería más a la disposición mental para escribir cosas más o menos raras.

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  2. A mí lo que más me gusta de este micro es la necesidad imperiosa de la cabra 😂😂. Creo que en una situación similar sería lo que más trabajo me costaría explicar.

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    1. Ja, ja, ja. Es verdad, es lo menos "explicable". De hecho, es el punto extraño del micro, el que le da el carácter más absurdo y estrambótico.

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