domingo, 7 de agosto de 2016

Exalumnos



- ¿Diga?
- ¿Eduardo?
- …Sí, soy yo.
- ¡Hola, Eduardo! No sé si te acuerdas de mí. Soy Adela.
- Adela…
- Sí, Adela López. Hicimos juntos el Bachillerato.
- Adela.
- Oye, me vas a gastar el nombre –dice ella, risueña.
- Ya… Es que no…
- No te acuerdas, ¿no?
- La verdad es que no.
- Bueno, no pasa nada. Te llamo porque estamos montando una cena de ex alumnos y quería saber…
- ¡Ahora caigo! Adela López, es verdad. Sí. Siempre ibas con aquélla… ¿Cómo se llamaba? ¿Lidia? ¿Silvia?
- ¿María?
- Eso, María. María… Rodríguez.
- García.
- García. Bueno, es igual. ¿No era una que llevaba aparatos de esos en los dientes?
- ¿Aparatos…?
- Sí, mujer, sí. Que la llamábamos “la parachoques”. Anda que no era fea, la tía.
- ¿Cómo…?
- ¡Ostras, cuánto tiempo! Bueno, ¿y qué es de tu vida? Te habrás casado y tendrás hijos y todo, ¿no?
- Pues, la verdad…
- Vaya, vaya. Yo tengo dos niños, son más guapos… ¡Habrán salido a su padre! ¡Ja, ja, ja! Pero, bueno. ¿Qué querías?
- Nada, que estábamos montando una cena…
- Pues yo me apunto, ¿eh?
- …Pero de momento, sólo llamamos para ver cuantos seríamos y, en función, de la gente que…
- ¡Conmigo cuenta seguro!
- Vale, oye, queee… ya te llamaremos, ¿eh? Adiooooooós.
Adela cuelga el teléfono y suelta un bufido.
- ¿Qué? ¿Cómo ha ido?
- ¡Menudo imbécil! Hay gente que no cambia –suspira, mientras tacha un nombre en la lista que sostiene en la mano-. Uno menos.
- Tú insististe en llamar a todo el mundo. Ya te lo advertí.
- La próxima vez no me hagas caso, ¿vale?
- Vale –María se levanta de la cama, deja que su mano acaricie la espalda desnuda de Adela y se dirige a la cocina-. ¿Comemos algo y luego seguimos haciendo llamadas?

Foto: condesign

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