lunes, 22 de agosto de 2016

Un profeta cansado



- Para convertirse en profecía, viejo, tu cháchara debería cumplirse alguna vez.
Los soldados rieron con estrépito la burla de su centurión.
El anciano se levantó del suelo, sacudiéndose la túnica manchada.
- En la séptima noche –sentenció, blandiendo su bastón-, la desgracia caerá sobre tu hogar.
El oficial escupió con desprecio. Las tropas marcharon riendo.
Una semana después, una sombra se deslizó en casa del centurión. Una daga refulgió en la oscuridad y por cinco veces cayó sobre su primogénito.
Mientras limpiaba la sangre en las sábanas del pequeño, el anciano murmuró:
- Se ha cumplido.
Foto: lettieb

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