domingo, 4 de septiembre de 2016

Aislado


Foto: Irenaeus Herwindo

Volvió a sumergirse en su mundo. Últimamente, se refugiaba mucho en él. Allí no había gritos, ni reproches, ni insultos. Sólo silencio.
Una lágrima escapó del cerco de sus párpados apretados. El pequeño Nando dejó que siguiese su camino, mejilla abajo, y aplastó con más fuerza las palmas de sus manos contra las orejas.
Las paredes de su cuarto sudaban el odio que se escupían sus padres al otro lado.

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