domingo, 25 de septiembre de 2016

Delicatessen


Foto: Harald Kharly

Murió lentamente, encadenado bajo la mesa, en una agonía de dolor y miedo que aplastó su escaso entendimiento, con el cráneo abierto y un hombre masticando con deleite los pequeños trocitos que extraía de su cerebro sangrante.
Le habían cortado la lengua para que sus chillidos no molestasen a los comensales.
“Sesos de mono”, rezaba el menú. 

Nota del autor: Por lo visto, estas cosas continúan pasando. Somos así de animales. Por cierto, lo de la cuchara creo que es nata con algo. No lo tengo claro.

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