sábado, 30 de julio de 2016

Reseña del libro "40 relatos de buena tinta" de Sacramento Arévalo



Título: Cuarenta relatos de buena tinta
Autora: Sacramento Arévalo Cruz
Año: 2014
Edición digital: Bubok (descárgala GRATIS AQUÍ)
Portada: Sandra Valdeavero




Muy a menudo, los libros de relatos se leen de manera intermitente: hoy leo uno, mañana leo tres, la semana que viene un par más... incluso hay gente que intercala otras lecturas entre medio, hasta novelas enteras. Pero esto no va a funcionarte con este libro. Lo abrirás, empezarás a leer y, cuando pretendas dejarlo para hacer otra cosa, una vocecilla te dirá que gires la página y leas otro. Porque son cortitos, porque son divertidos, por ver qué te cuenta la autora esta vez que cada cuento es hijo de su padre pero todos de la misma madre... y así, poquito a poquito, como quien sorbe un café de los buenos, te habrás cascado los cuarenta del tirón y te estarás preguntando que por qué se ha acabado tan pronto. Como los cafés buenos.

Como en todos las buenas colecciones de historias, aquí vas a encontrar de todo y más: un toque de amor ("Amor bajo la luna", "...pero junto a ti"), unas cuantas risas ("Por qué nunca fui ni puta ni monja", "La confesión del escudero", "Paulino"), ternura y nostalgia a patadas ("Islas mayores", "Cabello de ángel", "Yolanda"), tristeza ("Voces de otoño", "Un día de tantas"), violencia ("Elusiones", "Distracción al volante"), religión ("Es justo y necesario", "Un descuido de Dios"), surrealismo ("Lo dice la tele"), ... y mucha, mucha humanidad, porque todo esto no son nada más (y nada menos) que historias humanas. En toda su extensión, en toda su grandeza y toda su sencillez. Pequeñas grandes historias de pequeños grandes seres humanos. Una gran guía completa de sentimientos, anhelos, deseos, frustraciones, contradicciones, fantasías. En el prólogo, Esther Gimeno, una cómica "de las buenas, de las desconocidas", dice que es como si la autora "hubiera elegido un montón de secundarios y les hubiese puesto la lupa encima para convertirlos en protagonistas". Y no puedo estar más de acuerdo con ella. Este no es un libro de grandes gestas, de héroes fantásticos y damas legendarias. Este es el libro de los escuderos, de los palafreneros, de los camareros y los cocineros, de los que limpian las letrinas, de los que lo tienen todo a punto para que, cuando llegue el momento, el gran caballero esté limpio, descansado, servido y bien armado para matar al dragón. De las pequeñas hormiguitas anónimas sin las cuales el héroe ni siquiera encontraría la puerta para salir de su castillo. De hecho, ni siquiera tendría castillo desde el que salir.

Vale, es cierto: como en cualquier compilación de relatos, unos son mejores que otros. Pero en todas y cada una de ellas hay algo a lo que agarrarse, algo en lo que pensar y reflexionar, algo que te conmueva, que te arranque una sonrisa o una lágrima. Porque la sencillez a veces también es dura y cuando hay que poner el dedo en la llaga, la autora no se corta un pelo en mostrar las barbaridades del ser humano, los rincones más oscuros del alma, sin grandilocuencias ni epopeyas trágicas, porque la vida también son todos los segundos que trascurren entre los grandes hitos y desmerecerlos es desaprovechar lo que tienes.

A pesar de todo esto, hay que destacar dos relatos: "Un huerto en el patio" y "Café con Dios". El primero, porque entre tanta historia breve, se agradece una algo más larga en la que Sacra desarrolla el tesoro que tiene por ahí guardado y que en el resto del libro se nos regala en pequeñas perlas. Es como si tuvieses un amigo que es un gran cocinero pero sólo te invita a aperitivos. "Un huerto..." sería una merienda cena. A ver cuándo tenemos el menú completo en forma de novela. La historia se desarrolla en lugar y un tiempo en que el hambre era tan protagonista como las personas que la sufrían, en donde los silencios y lo que se callaba era más estruendoso que las palabras, en donde el pecado era un estigma que no hacía falta que cometieses. La autora nos regala un mundo perfectamente encuadrado, salpicado de miles de detalles preciosistas y precisos, una historia tierna y dura, de adversidades y sufrimientos, pero también de fortaleza y optimismo, de alegría y risas. De verdad, cada vez que lo leo me asalta la misma pregunta: ¿por qué Ken Follet nos acribilla con un tocho cada año y no podemos tener ni una triste novela de Sacra? Misterios del destino.

El otro es "Café con Dios", sin duda, una de las joyas de la corona. Cálido, triste, entrañable, irónico, sentimental, surrealista, sorprendente... Podría estar toda la tarde poniéndole calificativos pero, sin duda, es mejor que cada uno compruebe por sí mismo si tengo razón o no. Seguramente, a muchos les parecerá empalagoso pero para mí es una idea tan sublime y tan bien llevada a puerto que sólo puedo afirmar que, antes de morirme, quiero escribir algo así.

Muy a menudo, los libros de relatos se leen de manera intermitente. Ya he dicho que la primera vez que leas éste, seguramente, lo devorarás. Las siguientes veces, porque te aseguro que repetirás, date un tiempo después de cada historia para que se asiente, deja que el aroma te envuelva un rato entre cada sorbo. Y disfruta. Como los cafés buenos.

viernes, 29 de julio de 2016

Etéreo



"No os preocupéis por mí", rezaba el mensaje.
La madre de Dani reconoció aquella letra y se estremeció.
El dedo invisible dibujó entonces una cara sonriente sobre el espejo empañado.
Después, una brisa cálida envolvió a la mujer acariciando sus mejillas, enredándose en el vello de la nuca, reverberando bajo la piel con el eco de una risa alegre; dejando un vacío insoportable.
La madre de Dani salió del baño y se derrumbó sobre la cama intacta de su hijo, con la terrible certeza de que, esta vez, se había ido para siempre.

Foto: Katherine Evans

miércoles, 27 de julio de 2016

Corderos como lobos


Foto: Manu Mohan
Aulló como un lobo solitario.
El resto del rebaño huyó despavorido, prefiriendo dar más crédito al instinto que a lo que le gritaban sus sentidos.
Envalentonado e inquieto, convencido en su nueva piel, se internó en la negrura del bosque dispuesto a vivir su nueva vida.
La mañana encontró en un claro los restos que los lobos no quisieron disputarse. Ellos no habían tenido ninguna duda.


lunes, 25 de julio de 2016

School's out



Mi profesor de ciencias se llamaba Mathew Stillson. Tenía dos hijos de tres y siete años y vivía en la misma urbanización que yo.
Aquel día, cuando entré en clase, tardó un par de segundos en venir hacia mí.
Le disparé cinco veces.
Mientras caía, recordé cómo me aprobó el año pasado para que pudiera pasar de curso.
Su sangre salpicó las paredes y la pizarra y todos los papeles que tenía en su mesa.
Alguien gritó. Otros se le unieron. Hubo ruido de pupitres arrastrándose y sillas cayendo.
Giré mi brazo y seguí disparando.
Apenas conocía a la mitad.

domingo, 24 de julio de 2016

Arte


Foto: Fleur Suijten

Luego lo pensó mejor: ¡mariposas lilas! ¿A quién no le gustan las mariposas lilas? Fue a su habitación, cogió los rotuladores y volvió trotando al comedor. ¡A mami le iba a encantar el mural!