viernes, 30 de septiembre de 2016

On/Off


Foto: Oshin Beveridge

Se acaba el tiempo y tienes más dudas que hace sesenta segundos.
Cable rojo, cable azul.
Todo se reduce al mismo cincuenta por ciento. Ganar o desaparecer.
Frotas de nuevo tu lengua de esparto por tus labios resecos.
El pequeño marcador luminoso empieza sus últimos diez latidos.
Cable rojo, cable azul.
En las películas, todo es más fácil, el uno nunca se convierte en cero y el último suspiro siempre es de alivio.
Cuatro segundos
Tu mano oscila como un péndulo.
Tres segundos.
Farfullas una oración y...
...dos segundos...
...eliges un color y...
...un segundo...
...cortas y...

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Cuarto creciente


Foto: Krzysztof Cuber

 “Las enterraron vivas…”
La frase del capataz retumbaba en mi cabeza cuando entré en la cripta.
Me acerqué despacio a las tres urnas y las vi.
Tras más de cien años, sus cuerpos incorruptos parecían brillar en la penumbra, menudos y frágiles, pálidos y perfectos, de una belleza inhumana que me encogió el alma.
Sin darme cuenta, mi rostro estaba apenas a unos centímetros del de una de ellas.
Entonces, abrió los ojos y me miró. Di un respingo. Sonrió, insultante y voraz.
“Las enterraron vivas porque no supieron cómo matarlas.”

domingo, 25 de septiembre de 2016

Delicatessen


Foto: Harald Kharly

Murió lentamente, encadenado bajo la mesa, en una agonía de dolor y miedo que aplastó su escaso entendimiento, con el cráneo abierto y un hombre masticando con deleite los pequeños trocitos que extraía de su cerebro sangrante.
Le habían cortado la lengua para que sus chillidos no molestasen a los comensales.
“Sesos de mono”, rezaba el menú. 

Nota del autor: Por lo visto, estas cosas continúan pasando. Somos así de animales. Por cierto, lo de la cuchara creo que es nata con algo. No lo tengo claro.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Algo parecido a las patatas



Cada vez le hacía sentirse más incómodo aquel calor que no cesaba de aumentar... Y aquel martilleo en las sienes... Y aquella extraña humedad.
Abrió, al fin, los ojos para encontrarse cara a cara con un pequeño hombrecillo que lo miraba, sonriente, mientras vertía hortalizas ante él. Miró a su alrededor; estaba dentro de lo que parecía una gran bañera llena de cebollas, tomates y algo que parecían patatas. Afuera, más hombrecillos bailaban y gritaban dando vueltas a su alrededor.
“Vente de safari, me dijeron” pensó antes de desmayarse de nuevo, “será divertido”. 

martes, 20 de septiembre de 2016

En una isla sin nombre


Foto: Matteo Pescarin

- ¿Desempolvaros solamente, mis preciosos? Si tuviera, os daría una capa de betún –aseguró, contemplando sus botines negros de tacón fino.
Se los puso junto con sus mejores galas, convertidas en harapos por los años y el salitre, y recorrió por última vez el camino hacia la playa, arrastrando un pequeño baúl como único equipaje. Se sentó y tapándose con una desvencijada sombrilla, se dispuso a contemplar su pedazo de horizonte en el que hoy se recortaba, por fin, la silueta de un navío.