lunes, 13 de marzo de 2017

Hacia atrás

Foto: elminium
La habitación es más pequeña de lo que recordaba: un mural de cama, altillos y un armario; un minúsculo escritorio bajo la ventana y una silla plegable.
 

Su madre trae las sábanas y un par de mantas. Él empieza a vestir una esquina del colchón a tirones hasta que la mujer le disuade con suavidad.
 

- Déjame, déjame -murmura. Y arma la cama como si llevase veinte años ensayando ese día.
 

- ¿Querrás cenar algo, no? -le pregunta mientras trajina las mantas.
 

- Bueno... -empieza él.
 

- Te preparo algo en un momento -le interrumpe ella-. Yo te aviso.
 

La puerta se cierra en silencio.
 

Él se deja caer sobre la cama, desparramando las manos sobre las rodillas.
 

Echa un vistazo a la mochila grande que se ha traído. No recuerda del todo qué ha metido en ella. Suspira y hunde la cabeza entre las manos.
 

Tras un segundo, entierra la mano en el bolsillo y saca el teléfono, busca en la pantalla y se lo lleva a la cara.
 

- Hola, soy yo... yo... oye, yo... Vale, oye, vale... Sólo quería... Sólo quería hablar con el niño... antes de que... ¿qué? ¿Cómo que está durmiendo? Oye... no... Oye... Si sólo son... sólo son las... las ocho y media. Nunca se acuesta tan pronto... Venga, va... Oye, sólo quiero... no, joder, Marta escucha no cuelgues joder no me hagas esto Marta yo...
 

Contempla la pantalla apagada.
 

- ¡Joder! -masculla.
 

Las lágrimas se le hacen costra entre los párpados.
 

Arroja el móvil sobre la cama y saca un paquete de tabaco. Sorbe ruidosamente. Saca un cigarrillo y se lo lleva a la boca. Cuando tiene el mechero a medio camino, su vista se encuentra con la pared que tiene delante: la silla plegable, dos posters descoloridos de bordes quebrados.
 

Con un suspiro, vuelve a meter mechero y cigarrillo en el paquete y los deja junto al teléfono.
 

Se frota los ojos con las palmas, aplastándolos contra las cuencas y expulsa con esfuerzo un suspiro pesado y rasposo.
 

La puerta se abre con discreción, apenas un palmo. Una voz se abre camino, poco más que un murmullo.
 

- Ya está la cena.
 

- Ahora voy -responde él con poca convicción.
 

La puerta se abre del todo, lentamente.
 

- Hijo...
 

Él levanta la vista y contempla el rostro preocupado.
 

- Hijo... ya verás como todo se arregla. Estas cosas pasan. Las parejas discuten. Es normal. Pero, luego...
 

- Ahora voy, ¿vale? -le interrumpe suavemente-. Dame... dame un segundo.
 

- Claro.
 

Comienza a retroceder tímidamente, como un muñeco de resorte que vuelve a las tinieblas de su caja.
 

- Mamá. -Ella se detiene-. Gracias.
 

La puerta se cierra sin ruido.
 

Él coge el móvil y duda.

Rebusca entre las fotos de la galería y se detiene en una hasta que la vista se le nubla.
 

Se endereza y lo suelta sobre la cama como si quemase. El aire se le escapa entre los dientes.

Lentamente, se obliga a levantarse y a abrir la puerta.
 

La cena está lista.

10 comentarios:

  1. Un momento difícil y duro que pasa más a menudo de lo que quisiéramos. Describes muy bien la escena, pareces estar sentada al lado.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, María. Es cierto, es una situación que pasa bastante a menudo, me alegro de que el relato te haya situado tan cerca del protagonista.
      Un abrazo.

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  2. Uff... Duele. Me gusta mucho la madre,ese apoyo silencioso que ayuda como sabe y puede. Y qué bien dibujado está el estado de ánimo del protagonista. Enhorabuena, buen trabajo.

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    1. Chas gracias, Sacra. Al principio, me daba un poco de reparos en que la actitud de la madre pareciese servilismo, casi miedo, pero espero que se entienda que no es así porque sin ella, ¿qué sería de su hijo? El relato también pretende ser un homenaje a todos los padres que siempre están ahí.
      Un abrazo.

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  3. Sólo por ser pejigueras diré que el título no me cuadra mucho :-p. Pero no importa, el texto es impecable

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    1. ¡Ay, los títulos, eterna batalla! Unas veces se gana, otras veces se pierde... Me alegro que, a pesar de todo, esta pequeña torpeza te haya dejado disfrutar el relato ;P
      Un abrazo, majete.
      PD. Mucho mejor título, sin duda, es "El alma torcida". No sé a qué esperáis los que estáis perdiendo el tiempo en este bloggucho de mala muerte pudiendo leer cosas mejores, ja, ja, ja, ja!

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  4. Un relato redondo, un momento lleno de detalles, es la escena lo que impacta y consigue la resonancia en el lector. Muy a lo Raymond Carver, al menos me ha dejado las mismas sensaciones. Un instante que penetra, se palpa la tristeza, pero sobre todo la frustración. La actitud de la madre es perfecta, comedida. Se debate entre abrazar a su "pequeño" y darle su espacio como adulto que es. Fantástico. El título me parece bien, es la vuelta al habitáculo de su niñez, como un guerrero derrotado a su hogar. ¡Saludos!

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    1. Muchas gracias, David. Coincido contigo en el papel de la madre: comedida, cuidadosa, casi invisible pero presente. Intenté que reflejase eso y parece que no ha quedado mal del todo.
      Creo que es la segunda vez que me comparas con Carver (igual ha sido con algún otro y ahora me confundo) así que tendré que leer algo de él ;)
      Un abrazo.

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  5. Hola, Óscar, encantado de volver a leerte.

    Tu relato me parece muy triste, y aunque no lo dice explícitamente, todas las acciones y conversaciones buscan que compadezcamos al protagonista, al que vemos desesperado y vencido.

    La conversación con la pareja parece clave, imprescindible, más un monólogo que otra cosa, donde ella no lo deja hablar, parece como que no para de recriminarle cosas; y no sé si solo me lo parece a mí, pero esa chica debe ser de las que no suelen dar segundas oportunidades.

    En ese trozo, él toma el papel secundario, el sumiso y asustadizo, es curioso; y ella el principal, el dominante que no deja hablar al otro, el de poder al tener al niño, sin apenas saberse nada de lo que dice. Esta parte la hiciste muy bien.

    ¿Qué pasó realmente entre ellos? Ni idea, pero él le tiene pánico a esa chica, va con un cuidado supremo, y ella no para de cortarlo. Quizás porque metió la gamba a base de bien con ella y está arrepentido, o quizás porque ella es cruel y sabe que podría empeorar aún más la situación con cualquier palabra fuera de lugar que él pronunciase, ya que es posible, por temas legales, que la mujer pueda quedarse con la custodia del niño, la casa, y demás... y seguramente por eso él tuvo que irse a vivir con su madre.

    En cualquier caso, él no le pregunta a ella cómo está, ni ella a él, solo pregunta por el niño con el que quiere hablar... mal rollo, muy malo. Parece que no va a arreglarse el tema. Dices mucho sin decir nada, me encanta.

    Siembras una duda terrorífica cuando se entera que el niño está ya acostado, demasiado temprano, para inquietar aún más; no sé, como si ella quisiera acostarlo demasiado pronto a propósito, quizás por una insana prudencia, quizás para quitárselo de en medio porque no lo soporta, o para hacerle daño a su ex y evitar que pueda hablar con él, tampoco lo dice, para dejarnos en ascuas... Alguno se plantearía si este niño estaría mejor con su padre, quién sabe, o quizás es tan sumiso porque reconoce que toda la culpa es suya. El relato es muy abierto en ese tema, permite muchas interpretaciones que se dejan a la imaginación del lector, le invitas a participar, y eso es genial.

    El papel de la madre del protagonista me parece adorable. Una madre es una madre, como un padre es un padre; y, pase lo que pase, siempre estará en segundo plano, apoyando, y se mantendrá al margen lo que pueda, porque su extraordinaria experiencia y su cariño incondicional sabe que es lo mejor y está de vuelta de todo. Sabrá elegir el momento perfecto para preguntar, y ese no lo era. O al menos eso intuyo.

    En definitiva, un relato de Óscar Borrachero muy trabajado, que inspira mucho más de lo que se lee, y trata sobre una situación triste de pareja muy actual, un hombre abatido, y unas líneas con gran carga emocional, donde el apoyo incondicional de la madre destaca a pesar de mantenerse en segundo plano . Sin duda, una lectura muy recomendable.

    Enhorabuena, Óscar, otro relato tuyo que me encanta, muy inspirador. Sigue así, compañero. Un saludo cordial y buena lectura.

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    1. Muchas gracias por el comentario... y por los halagos... y por todo lo que sacas del relato. En realidad, has vuelto a dar en el clavo: no se explica nada de la relación de pareja ni de la ruptura a propósito porque no es lo importante. Puedes pensar que ella es la "mala" o que actúa así porque el "malo" es él. Nunca lo sabremos. Las parejas son universos en sí mismos, incomprensibles desde fuera aunque todos nos permitimos, en mayor o menor medida, juzgarlos en situaciones así e incluso tomar partido. Nada de eso vale. Lo importante es que hay un hogar roto y un niño que ya empieza a sufrir aunque no salga en la foto. El resto es parafernalia.
      Un pequeño apunte para acabar: ¿quién dice que realmente el niño esté ya en la cama? Je, je, je.
      Un abrazo.

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