miércoles, 25 de enero de 2017

Reseña del libro "Tormenta y otros fantasmas" de Daniel Hermosel



Título: Tormenta y otros fantasmas
Autor: Daniel Hermosel Murcia
Año: 2009
Edición digital: Bubok (descárgala GRATIS AQUÍ) y Lektu (descárgala GRATIS AQUÍ)
Portada: Miguel Ángel Calderón Crespo

En este recopilatorio publicado en 2009, Daniel reúne las historias que a lo largo del año anterior fueron apareciendo en su blog "¿Y ahora qué, eh...?" Como él mismo dice, los relatos son, en líneas generales, mejores a los del anterior libro. Aunque eso es algo muy subjetivo (y como quiera que es difícil olvidar una obra, fundamental a mi escaso entender, en su repertorio como "Curvas"), sí que es cierto que casi todas ellas llevan un paso más allá los diferentes aspectos de su perfil como escritor. Es decir, aquí vamos a encontrar todos los ingredientes presentes en "Curvas y otras fatalidades" (incluso alguno más) pero quizás mejor dosificados y conjuntados, y conformando unos platos más variados (si cabe), efectivos y complejos.

Igual que en el anterior libro, Daniel nos propone una banda sonora para algunos de los relatos. Muy recomendable hacerle caso.

Vamos a empezar por tres de los relatos más extensos ya que suele ser en estos formatos donde un escritor (uno bueno, por lo menos) brilla más.

Foto: Paul Wilkinson
"Tienes nombre de mercera". Con esta contundencia comienza "Seguiré pensando en tu nombre", un relato donde su protagonista (Araceli, para más señas) experimentará intensamente la marca imborrable que sobre su destino tiene su nombre. O no. Bajo el disfraz de una historia sencilla sobre la apacible vida de nuestra heroína, se esconde un relato en el que cualquier cosa puede suceder, y sucede. Con una prosa fluida y cargada de una realidad fantástica que busca cualquier excusa para desbordarse, Daniel nos lleva desde la sentencia inicial hasta un final sorprendente. Como otras veces, le falta metraje: acabas el relato y te quedas con ganas de más, síntoma siempre de que ha calado. Aún así, pienso que le falta un algo indefinible. Esta vez, la falta de extensión creo que juega más en su contra que a su favor porque da la sensación de que con más historia, ésta hubiese sido sin duda más redonda.

"De paso", más que un relato, es una sucesión de escenas sobre una pareja "desintonizada" en su relación, dos caminos divergentes que en algún punto quizás se encontraron o se encontrarán. La estructura de capítulos da una fragmentación a la historia muy adecuada e interesante, con unos lapsos temporales que hablan tanto como las partes narradas.

"Su voz le dice que lleva el vestido negro 
que él le regaló hace ya tanto tiempo, 
que el pelo le cae por la izquierda 
en ondas hasta el pecho, 
que lleva puesto un collar de perlas, 
que no lo echa de menos"
 April

Muy pocos autores pueden coger a toda una familia de personajes infantiles famosos, con todo su carisma y espíritu, y transportarlos a otro escenario y otra dimensión sin que sea un pastiche o, directamente, algo ridículo. "El hombre del pijama azul con un batín de terciopelo rojo" no sólo consigue esto sino que además, nos regala una historia tierna donde la fantasía y el optimismo juegan un papel fundamental en un entorno gris y desesperanzador, consiguiendo, además, arrancarnos varias sonrisas cómplices durante la lectura.

Otras muestras del progreso en el arte de relatar las tenemos en "Kiun Tse" (un verdadero cuento chino), "¡Bang!" (una historia de sicarios sobre el amor y sus debilidades), "April" (donde Daniel se atreve a llevarnos de la mano a un sórdido club lleno de soul y blues) o "Inercia" (un maravilloso relato donde la línea que separa realidad y fantasía es tan difusa y cambiante como el mar en la playa). Cuatro historias completamente diferentes, enmarcadas todas ellas de manera magistral en su propio ambiente, con el tono y el estilo más adecuado. Cuatro joyitas más para la factoría Turambar.

Pero hay más: la inquietud de "La troqueladora" o "Último tren"; la épica de las cosas pequeñas de "Nueva fase", "Amor de verano" o "Promesas rotas"; la ciencia ficción al más puro estilo "viejuno" de "Perseidas" (si has leído a Asimov o Bradbury, sobre todo en formato relato, seguramente sabrás qué quiero decir con "viejuno"); la maravillosa fábula arbórea de "Prunus Cerasus" o las historias más mundanas de "Una tarde de río" o "Sin adiós".

Me quedo para el final dos relatos que para mí sobresalen por dos aspectos diferentes.

Foto: Lefteris Katsouromallis
Por un lado "Cuarto menguante", un experimento en la estructura de la narración que me ha encantado. No sé si será muy original o no (yo, por lo menos, no la había visto aún) pero el uso de las onomatopeyas a lo largo del relato realzan y dan un brillo espléndido a una historia de depresión, ayudando a crear una espiral descendente hacia la negrura de un pozo sin fondo. Un recurso sencillo que hace de una idea que se ha explicado millones de veces algo sobresaliente.

Y por otro, "Amara". Una de las características más impresionantes de Daniel es su capacidad para recrear cualquier escenario modelando el lenguaje como si de un maestro orfebre se tratara. Pues bien, en este relato esto se lleva varios niveles más allá. Daniel nos transporta al desierto de las caravanas, al misterio exótico de los bazares orientales; casi podemos oler las especias y el sudor de los viajeros, sentir el viento seco y caliente en la cara. Bajo esta capa de arena, se esconde una historia onírica y fantástica, con la omnipresencia de Amara, una ciudad inexpugnable alrededor de la cual ha crecido una ciudadela extramuros cuyos habitantes viven ideando la manera de asaltarla o, simplemente, vencidos ya, se contentan con existir bajo su sombra. Un disfraz maravilloso para una historia de deseos inalcanzables. O, al menos, al resto de los mortales, eso les pareció.

"Murió mientras dormía. Sin más. Sin despedirse. 
Sin molestar. Nos llamaba sus niños, sus pequeñines, 
y a cada uno nos había puesto un apodo 
que todos usábamos en lugar de nuestros nombres. 
A él lo llamábamos Papá."
El hombre del pijama azul 
con un batín de terciopelo rojo

Resumiendo, un fantástico recopilatorio que, aun a pesar de no tener un tótem como "Curvas", sube la nota media de todos los relatos y nos deja con unas ganas tremendas para la traca final.

jueves, 19 de enero de 2017

Reseña del libro "Curvas y otras fatalidades" de Daniel Hermosel

Título: Curvas y otras fatalidades
Autor: Daniel Hermosel Murcia
Año: 2008
Edición digital: Bubok (descárgala GRATIS AQUÍ)
Portada: Daniel Hermosel Murcia


En los últimos diez o quince años, muchos hemos tenido la modesta certeza de que el mundo necesitaba de nuestras historias, y nos hemos dedicado a expandirlas como buenamente hemos sabido a través de blogs, libros autopublicados o redes sociales, con mayor o menor suerte, con mayor o menor acierto. Entre esa ingente maraña de bits y grandes o pequeñas expectativas, de vez en cuando, surge alguien con voz propia y un talento innato. Daniel Hermosel Murcia es sin duda alguna uno de esos grandes escritorzuelos que el mundo necesita más que el agua. En un escenario en el que mucha gente piensa que cantar es gritar muy alto y hacer muchos gorgoritos, Daniel, con una voz cálida y sencilla y guitarra en ristre, es de los que se marcan una "Wish you were here" de dejarte sentado.

Daniel (Daniel Turambar para muchos) es un escritor de amplio registro y gran dominio del lenguaje, capaz de acometer diversos géneros con soltura y desparpajo: desde fábulas diminutas a grandes gestas épicas, desde historias de amor y desamor trágicas hasta reflexiones íntimas o escenas cotidianas, siempre con una escritura preciosista, con amor por el detalle y la reflexión. Otro elemento fundamental en su obra es la fantasía, desde la más cotidiana a la más épica, de tal manera que al comenzar un nuevo relato cualquier cosa puede suceder e incluso los más "reales" están también abiertos a múltiples posibilidades, haciendo que los leas con mucha expectación y, en ocasiones, un punto de inquietud.


Hasta la fecha y si mis esbirros no me engañan, sólo tenemos tres publicaciones suyas a disposición del gran público, además, todas ellas gratuitas. Así que te doy el tiempo justo de leerte esta reseña para que corras a buscarlas.


"Curvas y otras fatalidades" es el recopilatorio de relatos que, como el propio autor nos indica, aparecieron en su blog "Y ahora qué, eh?" a lo largo de 2007. Está dividido en dos grandes bloques: por un lado "Curvas", un extenso relato por capítulos, y "Otras fatalidades", un maravilloso cajón de botones de diversos tamaños, formas y colores.


Foto: Julián Ortiz
"Curvas" es una preciosa historia de amor y desencuentro entre dos mujeres que unen sus vidas una noche en una curva de una solitaria carretera. Dos vidas marcadas que se encuentran en puntos muy diferentes de sus respectivos viajes y que se entrelazan para conformar esta conmovedora y agridulce historia sobre la supervivencia y la muerte, la amistad y el amor, los secretos y las mentiras. Dos personajes como dos caras de una misma moneda: vitalidad y fatalidad, derrota y perseverancia. Como todas las grandes historias te deja con ganas de saber más, tanto de lo que vendrá como de lo que ocurrió antes. Y como las grandes historias, resonará en tu cabeza durante mucho tiempo con música propia.

"Y otras fatalidades" es la segunda parte del libro. Un libro, por cierto, con banda sonora, igual que los dos recopilatorios posteriores. Daniel nos propone una serie de canciones para completar la lectura y te aconsejo encarecidamente que le hagas caso, por lo menos un par de las muchas veces que te releerás estos cuentos. Y, si puede ser, con auriculares.

"...la dulce voz de Graciela que me cuenta 
los cotilleos caducos de la revista, 
que se queja de mi triste música, 
que hace planes para el futuro, 
como si fuera allí donde la llevo. 
Y pienso que su voz es la luz 
que da vida a un universo vacío y oscuro. 
No habrá nada cuando ella no esté. 
El mundo se crea en cada una 
de sus carcajadas para luego desaparecer."
Curvas

Si en la primera parte, Daniel nos regalaba una historia extensa y trabajada con mimo, en esta, nos despliega un impresionante abanico de recursos narrativos y estéticos que no dejará insatisfecho a nadie. Desde el ambiente inquietante de "Cinéfago callejero" hasta recuerdos entrañables de la niñez en "Novembre (doesn't) rain", desde la épica fantástica de "La dama y el dragón" o "Prólogo de Dragón" (una soberbia muestra de lo que debe ser este género, libre de estereotipos infantiloides que, en mi opinión, no hacen más que ridiculizarlo en demasiadas ocasiones) a las fábulas domésticas de "Cosas de lagartijas" y "Cosas de mosquitos", desde el planteamiento de mundos alternativos o futuros en "Ordenador" y "Alien" hasta la sencillez de las cosas más cotidianas en "Orquesta" o "Esto que te cuento", desde la experimentación de "Pillados" o "La culpa" hasta la belleza simple de "En un pestañeo" o "Sin resentimientos".


También tienen cabida los relatos en los que las metáforas y las interpretaciones del lector son casi tan importantes como la historia en sí; relatos abiertos, en ocasiones ambiguos, donde debemos rellenar los huecos que el autor sabiamente ha dejado, pintar el trozo de lienzo que está en blanco.


Como ya se ha destacado antes, otro ingrediente importante en las historias del señor Turambar es la música. "Mar de cristal" es un ejemplo perfecto. Una historia de amor y fantasía en primera persona sobre un colchón de sintetizadores y efectos de sonido de Jean Michel Jarre. Aquí se entrelazan todos los elementos fundamentales de la idiosincrasia "danielesca": una historia cotidiana, con un punto de desesperanza apática (no en vano se cita a Huxley como compañero de viaje del protagonista) que se rompe con la entrada de un elemento fantástico, onírico e irreal en la monótona rutina que se nos narra. Una luz en la oscuridad, una perla en un mar de cristal. Una historia preciosa narrada con cariño y delicadeza. Y un final... que, claro, no te voy a desvelar, tendrás que descubrirlo tú mismo.

"Allí las olas se transforman en gigantes
que estrellan su cabeza contra las rocas
esparciendo sus sesos sobre el paseo"
Galerna

Este es un libro recomendado para los que disfrutan las historias bien escritas, las que te hacen pensar y sentir, las que se te quedan durante días y no te abandonan, las que quieres releer varias veces porque siempre encuentras matices nuevos, las que te arrancan una sonrisa, a veces tristes, a veces cómplice. Cuando apures la última frase, relájate, suspira y deja que las palabras te envuelvan. 

Y, luego, ve a por el siguiente libro.

miércoles, 11 de enero de 2017

Barb

Foto: Isabella Quintana

   Soy alta, delgada, esbelta. Tengo un cuerpo sinuoso de curvas perfectas. Unas largas y suaves piernas, una cintura armoniosa, un busto generoso aunque no excesivo, la espalda recta, el cuello erguido y grácil; y un rostro de bellas facciones coronado por una espesa cabellera, con unos ojos brillantes y expresivos, una nariz respingona y graciosa y una sonrisa de dientes blancos. Muchos dirían que soy perfecta. Casi una diosa. Aunque soy de plástico. Una puta muñeca de plástico.
   Mi existencia transcurre en un cuarto lleno de otros juguetes: muñecas, animales, coches, rompecabezas, casas, piezas sueltas, pegatinas, cordeles, vasos, platos, sartenes, cosas que parecen comida y un montón de cachivaches que, la verdad, no sé qué hacen ni para qué sirven. Creo que muchos de ellos tienen conciencia como yo. O lo que coño sea esta mierda que me hace comprender que estoy aquí. Lo veo en sus ojos, en cómo se estremecen cuando creen que nadie los mira, cómo se derrumban sus aristas o se descuelga su sonrisa. Nunca he hablado con ninguno de ellos, no sé si tienen esa capacidad. La verdad es que ni yo misma sé si la tengo porque mis labios parecen incapaces de componer algo más que esta estúpida sonrisa. A veces nos miramos y quiero creer que compartimos un algo indefinible que nos une de alguna manera. A veces pienso que es tan sólo mi soledad, que juega conmigo al escondite.
   Sea como sea, ahí están cada día para que ese trozo de carne sin ojos los manosee, los golpee, los desmiembre, los tire al aire y se ría cuando se estrellan contra el suelo, los use para descargar su ira, los pisotee, los chupe y los mastique, los ensucie, los deseche. Algunos simplemente un día desaparecen. Otros pierden ese brillo que antes los animaba. No creo que ese monstruo sea consciente de que la mitad del tiempo está jugando con carcasas vacías. Aunque para él creo que no somos otra cosa más que eso: carcasas vacías, plástico hueco. Seguramente, es incapaz de vernos de otra manera. Eso podría disculparlo un poco aunque no hace que mengüe la rabia.
   Se podría decir que yo soy una privilegiada. Vivo en una casa de plástico para mí sola, tengo un coche de plástico y un montón de vestidos y cacharros. Incluso una piscina sin agua. El monstruo me trata con cierta delicadeza aunque desnuda y manosea mi cuerpo sin pudor. O retuerce mis miembros para que adopte posturas que no entiendo o para imitar un movimiento que soy incapaz de realizar. A veces, me aprieta contra su cuerpo fofo o me sostiene ante su rostro inmenso y me grita con esa voz estentórea. Otras, me saca del cuarto y me lleva a otros habitaciones o al aire libre, ese vacío estrepitoso que me aterroriza y me hace temer que nunca voy a volver a mi casa de plástico con mi piscina sin agua.
   Creo que, a su manera retorcida y depravada, soy especial para él. Una especie de trofeo a exhibir o algo por el estilo. De todas maneras, sé que no será así siempre. Entre la maraña de cosas tiradas, alguna vez he visto otras como yo: esbeltas y opacas. Con los cuerpos retorcidos o incompletos; desnudas y expuestas. Las contemplo desde mi trono de plástico, desde la prisión de mi cuerpo, desde esta carcasa que cada día está más vacía y sé que ese es mi destino.
   Y rezo para que llegue pronto.